Historia de la
motoneta Vespa

Tanta importancia ha tenido la Vespa en la historia de la motorización, que el tipo de moto que la engloba, el scooter, ha tenido que luchar para imponer su denominación. Durante mucho tiempo se ha hablado de Vespa cuando se quería nombrar a un scooter. Solo ocurre cuando un diseño es unánimemente captado como insuperable, hasta por los propios fabricantes de la competencia.

Vespa...

Todo comenzó a fraguarse en la mente de Enrico Piaggio durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. El industrial italiano dedicado hasta entonces a fabricar componentes para la aviación italiana, ya pensaba en cómo reconducir su empresa. Los años de la posguerra se preveían duros para el resurgimiento de la aeronáutica en un país vencido y asolado como era Italia. El ingeniero Piaggio vio en este futuro mercado una puerta abierta a sus inquietudes industriales y se lanzó con entusiasmo a materializar su idea. Uno de los ingenieros que trabajaba para él, que se dedicaba al diseño de hélices, llamado Corradino D’Ascanio, fue encargado de concebir una pequeña motocicleta en la que prevaleciera sobre cualquier consideración el carácter práctico. D’Ascanio, sin conexión con el mundo de la motocicleta, pues tampoco era aficionado, pudo permitirse pensar libremente en lo que buscaba, sin ideas preconcebidas basadas en los modelos existentes. Su experiencia le indicaba que un diseño monocasco (como empezaba a ponerse de moda entre los automóviles) permitiría conseguir mejores resultados que uno multitubular, con un peso menor. Sabía que la ligereza de un elemento no tiene que ser conseguida a expensas de su rigidez. La solución de la rueda de repuesto le fue sugerida por haber contemplado, en bastantes ocasiones a motoristas en el borde de las rutas debido a las pinchaduras de neumáticos. La posibilidad del desmontaje, rápido de ambas ruedas, intercambiables entre sí, hizo necesaria de la adopción de un tubo de dirección lateral (muy habitual, por cierto, en los trenes de aterrizaje de los aviones) otra necesidad que quería cubrirse, la limpieza de utilización, aconsejó colocar el motor en un compartimiento y alejado del conductor, lo que desembocó en el diseño por todos conocidos que, además, permite la transmisión directa por engranajes y el desmontaje

rápido de la rueda trasera. Como se ve, las características mencionadas permanecen invariables hoy día, lo que unido a una estética ciertamente familiar, permite asegurar sin miedo al error que los actuales modelos son parientes directos de aquel primer prototipo. El proceso de producción involucró a otro ingeniero, Carlo Carbonero, que era un “monstruo” de la planificación y producción industrial. D’Ascanio menciona que la tarde del día en que le entregó el plano de la rueda, ésta ya estaba fabricada. A este vertiginoso ritmo, el 4 de Noviembre de 1945, el ingeniero Carbonero probaba el primer prototipo completo de Vespa. La estética del producto fue laboriosamente estudiada por el propio Piaggio, con un resultado final que ya recuerda claramente los actuales modelos. Ocho años después en 1953 salía de las cadenas de producción de la factoría de Pontedera (Pisa) la Vespa N° 500.000. Para la ocasión, el Arzobispo de Pisa, Monseñor Camoezo, bendijo la unidad medio millón. Tan solo 3 años después el 10 de Abril de 1956, D’Ascanio tuvo la oportunidad de posar para fotografiarse con la unidad un millón. Veinticinco años después, con 90 años en sus espaldas, nos abandonó este genio del diseño con la satisfacción de ver como sus ideas seguían vivas y actuales. Hay que destacar, también, la osadía del industrial Enrico Piaggio que, en una época como la posguerra, se embarcó en la empresa de fabricar en grandes series un vehículo para todos. Por lo que respecta a la leyenda que afirma que todo el diseño se debió a la existencia de un stock de motores de arranque para aviación, decir que no es más que eso, una leyenda...